Quien tiene un amigo tiene un tesoro

Hay frases de la abuela que parecen simples… hasta que un día te atraviesan. 

“Quien tiene un amigo tiene un tesoro”. 

Y de pronto, ya no suenan tiernas. 
Suenan incómodas. 

Porque llegados a cierta etapa de la vida —cuando llevas años liderando, decidiendo, sosteniendo— esa frase no habla de cantidad, ni de reuniones sociales, ni de agendas llenas. Habla de algo mucho más crudo: la soledad silenciosa del adulto competente

Tal vez te pase esto. 

Tienes gente alrededor. 
Contactos. Equipos. Colegas. Responsabilidades. 
Personas que te escuchan… pero hace tiempo que no te sientes acompañado

Y eso duele más de lo que solemos admitir. 

A los 40, 50 o más, la vida empieza a filtrar. 
Ya no buscas amistades para llenar tiempo, sino vínculos donde puedas bajar la guardia. Donde no tengas que demostrar nada. Donde puedas decir: “No sé”, “estoy cansado”, “me siento perdido” sin miedo a perder valor. 

El problema es que muchos líderes han aprendido exactamente lo contrario: 
a ser fuertes, autosuficientes, resolutivos. 
Y sin darse cuenta, también aprendieron a cerrarse

He visto esto muchas veces. Y sí, también lo he vivido. 

Ese momento en el que te das cuenta de que sabes acompañar a otros, aconsejar, contener… pero no sabes cuándo fue la última vez que alguien hizo eso por ti. 
No porque no lo merezcas, sino porque dejaste de pedirlo

Porque el rol pesa. 
Porque el hábito se instala. 
Porque crees que ya deberías tener todo claro. 

Y ahí es donde la frase de la abuela vuelve, con una verdad incómoda: 
no se refería solo a la amistad social. 
Hablaba de tener a alguien que te vea cuando tú ya no te ves

Un amigo es quien puede decirte la verdad sin aplastarte. 
Quien no se impresiona con tu cargo. 
Quien no necesita que estés bien para quedarse. 

Y cuando ese amigo falta, el vacío no se nota de golpe. 
Se nota en el cuerpo. 
En el cansancio. 
En la sensación de estar “funcionando” pero no viviendo del todo. 

Muchos profesionales llegan a esta etapa pensando que necesitan un nuevo objetivo, un cambio de carrera o más reconocimiento. 
Y a veces lo que realmente necesitan es reconectar con vínculos auténticos, empezando por uno mismo. 

Desde el Método Perennial trabajamos mucho este punto, aunque no siempre se diga en voz alta. 
Porque el crecimiento no es solo estratégico. Es profundamente relacional. 

Claridad sin vínculo se vuelve fría. 
Éxito sin conexión se vuelve pesado. 
Propósito sin compañía se vuelve solitario. 

Por eso, parte del proceso es revisar algo clave: 
¿desde dónde estás sosteniendo tu vida hoy? 
¿Desde la autosuficiencia… o desde la posibilidad real de apoyarte? 

No se trata de buscar “más gente”. 
Se trata de mejores conversaciones
De espacios donde puedas ser humano antes que rol. 
Persona antes que etiqueta. 

Tal vez esta nota te incomode un poco. 
Tal vez te deje pensando en alguien. 
O en nadie. 

Si es así, no la descartes rápido. 
Las frases de la abuela nunca llegan por casualidad. 

👉 Si hoy sientes que lo que te pesa no es la falta de capacidad, sino la falta de compañía real en esta etapa de tu vida, escríbeme. 
Conversemos en privado. A veces, el primer tesoro es animarse a no atravesar todo solo. 

Y si esta nota te tocó, compártela. 
Puede ser el puente que otro necesita… y todavía no sabe cómo cruzar. 

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